¡Feliz día, queridas Hermanas!

Hoy damos gracias a Dios por el hermoso regalo de la vocación de cada una de las Hermanas Pequeñas Apóstoles de la Redención, mujeres consagradas que, a los pies de Jesús y bajo la mirada amorosa de la Santísima Virgen María y de San José, han entregado su vida al servicio de los pequeños, los jóvenes y los ancianos.

Gracias por hacer vida el Evangelio en cada gesto de amor, servicio y entrega, continuando con fidelidad la misión que un día recibieron de nuestro fundador Padre Arturo D’Onofrio y de nuestra cofundadora Anna Vitiello.

Que el Señor siga fortaleciendo sus corazones y renovando cada día su vocación, para que nunca falte en sus manos la ternura, en sus pasos la esperanza y en su corazón el deseo de hacer el bien.

¡Feliz día, queridas Hermanas!